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domingo, septiembre 02, 2007

Transhumanismo, ¿el humano perfecto o futura aberración?

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El hecho de que el cuerpo y la mente humana sean susceptibles de ser mejorados no es un secreto para nadie. Pero existe una corriente cultural conocida como transhumanismo que sostiene que es un deber utilizar todos los recursos tecnológicos disponibles para mejorar la raza humana.

El llamado transhumanismo es en esencia un movimiento cultural e intelectual que sostiene la necesidad de utilizar todos los adelantos de la ciencia y la tecnología para mejorar la anatomía y la capacidad mental de los humanos. Además, pregonan la corrección de algunos aspectos indeseables de la condición humana, tales como las enfermedades y la vejez.

Es un movimiento relativamente nuevo, ya que se menciona el término de “transhumanismo” a mitad del siglo pasado, por el biólogo Julian Huxley, hermano del escritor Aldous Huxley . Sin embargo, su verdadero auge comienza en la década de 1980, en California, donde un grupo de científicos, artistas y futuristas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta convertirse en “posthumanos”. Una especie de “X-Men”, pero de laboratorio.

La evolución natural, que ha convertido a una especie de simio en el humano actual, millones de años mediante, es insuficiente para los transhumanistas. De hecho, la evolución natural no es aplicable ya a la raza humana, dado que no solo el más apto sobrevive: la sociedad, más que menos, se encarga de que todos tengamos más o menos las mismas chances de reproducirnos, independientemente de nuestra aptitud. Esta situación es la que impulsa a los transhumanistas a adoptar medidas artificiales para acelerar la evolución mediante la tecnología.

Se han realizado propuestas específicas de modificaciones del cuerpo humano, incluido el sistema nervioso. Aunque algunos proponen modificaciones del sistema nervioso periférico (ojos, oídos, etc.), la mayoría de los transhumanistas considera que es el propio cerebro humano el que debe ser modificado. Para ello, apoyan el uso combinado de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información, la realidad virtual, la inteligencia artificial, la transferencia mental y la criónica. Como puede verse, algunas de las ciencias necesarias para crear al sucesor del Homo Sapiens aún están en pañales o no existen directamente. El tema de la transferencia mental, por ejemplo, está lejos de ser una realidad, aunque algunos autores de ciencia ficción, como Robert Silverberg (ver “Sadrac en el horno”) la han abordado.

Hay indicios de que el ritmo de la evolución tecnológica se parece más a una curva logarítmica que a una línea recta, lo que podría producir, en un corto lapso de tiempo (unos 50 años) inteligencias artificiales al menos tan poderosas como la inteligencia humana. Para que estas inteligencias no superen a la de sus creadores, es que los transhumanistas sostienen la necesidad de modificarnos a nosotros mismos. El en fondo, no es más que el temor que inspiran las maquinas como HAL9000 de “2001: Odisea Espacial”.

Por supuesto, frente a tales afirmaciones, es imposible permanecer indiferentes. Cuando uno se toma el trabajo de recoger opciones sobre el transhumanismo, se encuentra con todo un surtido de respuestas, desde la más férrea defensa a la idea de la modificación de la raza humana hasta lo que lo consideran una verdadera locura.

Aquellos que defienden la postura transhumanista sostienen que el cambio es inevitable. Citan, con frecuencia, la oposición que sufrieron las primeras maquinas a vapor por parte de los trabajadores que creían que significaban el fin del trabajo. En realidad, solo cambiarían la forma de trabajar. De la misma manera, los transhumanistas afirman que el hecho de mejorar nuestro cuerpo o nuestra mente solamente es un paso inevitable que tarde o temprano tendremos que dar.

En la vereda de enfrente también hay una gran cantidad de motivos por lo que esto no debe hacerse. Hay motivos ligados a la religión, como por ejemplo el hecho de que como el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, cualquier modificación que sobre este se haga significaría alejarse de Dios. También hay algunos argumentos más terrenales, como el peligro que supone para la tecnología actual el andar trasteando con nuestro sistema nervioso centrar o nuestra maquinaria celular, por ejemplo. El hecho de modificar la forma en que envejecemos implicaría “jugar” directamente con nuestros genes, y a pesar de todos los avances que la ingeniería genética tiene para ofrecer, aún es demasiado pronto para poner en práctica algunas teorías en humanos.

Los que se oponen de manera más férrea a las ideas de los transhumanistas sostienen que lo más que puede lograrse es una especie de Frankenstein de alta tecnología, que no solo no será humano sino que se encargara de destruirnos. De hecho, es difícil de saber si un ser al que se ha alterado genéticamente o mediante nanotecnología sigue siendo humano. “Más que humano”, la novela escrita por Theodore Sturgeonen 1953 aborda este tema.

Más allá de la necesidad de mejorar o evolucionar como raza, los transhumanistas se muestran especialmente interesados en las terapias destinadas a mejorar la salud y la longevidad. Dentro del movimiento, los integrantes de mayor edad suelen expresan su preocupación ante la posibilidad de no vivir el tiempo suficiente como para aprovechar los beneficios de la tecnología. En muchos casos apoyan el uso de la criónica como un recurso para ganar tiempo.

Hay una sola cosa que queda clara luego de todo lo expuesto. Y es que la visión transhumanista de la humanidad seguramente se va a transformar en una realidad. Seguramente no va a ser tan pronto como sus defensores quisiera, pero tampoco es algo que podamos o queramos evitar. Así como es algo perfectamente aceptado el usar anteojos cuando uno ve poco, soluciones similares provenientes de la nanotecnología o genética serán comunes. Y en algún momento daremos el paso siguiente: mejorar el ojo para ver con menos luz, o en la banda infrarroja, o lo que sea.

Prepárate. El futuro será muy interesante.

Fuente: Neoteo

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